La huella de Harry Potter, J. K. Rowling

 

Un 2 de septiembre más y la carta del colegio de magia y hechicería de Hogwarts sin llegar… Si después de más de 18 años me acuerdo de los nervios que sentía por ir al cine con mis padres a ver la película de Harry Potter y la piedra filosofal, me acuerdo también de cuando llegó el libro a casa. Fue un regalo de cumpleaños y la frase fue algo parecida a «Toma, que sabemos que te gusta mucho leer» en un parque de bolas de boca de una madre de una amiga del colegio. A partir de ahí se abrió un mundo desconocido a una niña que jugaba a estar Hogwarts con los lápices sin estrenar a modo de varita mágica. Claro está que era amiga de los tres protagonistas: el héroe que no quiere serlo, el amigo que más que ayudar la lía más y la chica sabihonda, pero que siempre consigue solucionar el problema. Recuerdo ese día en especial porque estaba nerviosa por saber si lo que vería en la pantalla grande se correspondería con lo que me había imaginado en la cabeza. Mi generación conocía El señor de los anillos y Las crónicas de Narnia por referencias de hermanos y primos mayores, pero J. K. Rowling nos abrió un mundo de fantasía creado a partir de lo que ella veía en su vida diaria de una manera sencilla, donde intentaba transmitir valores a los más pequeños. Como una madre con sus hijos, pero en forma de cuento, para que fuera más ameno.

Siempre que leo algo de literatura fantástica me pregunto qué se les pasará por la cabeza a los escritores para inventar y plasmar en escrito dichas historias y personajes. Harry Potter nos hizo creer en los magos y brujas a la antigua usanza, esos de los hechizos y conjuros; en los buenos contra los malos, El que no debe ser nombrado connota temor al mago más temido de todos los tiempos; en que hay una familia que se escoge y siempre te acompaña, más allá de compartir sangre con ellos; en que luchando unidos se consigue más y que un bueno amigo te puede hacer más llevadero los momentos malos. Creo que la generación que creció con Harry Potter tiene mucho en común con él y Hermione y Ron. Lo que el tiempo ha demostrado es que el mundo creado por Rowling va más allá de Harry Potter, porque es innegable que consigue llevarnos a un mundo mágico paralelo a nuestra realidad.

Después de ver la primera película, se convirtió en un reto leer el libro antes de ir al cine. Creo que ahí nació mi fenómeno fan que mis padres muchas veces no entendían, no conseguían comprender por qué prefería encargar un libro para cuando estuviera a la venta antes que pedir una PlayStation para Reyes, o esa casi «necesidad» de volver a leer todos los libros antes de que saliese a la venta el nuevo. Casi dos décadas después sé que no era la única y sigo yendo al cine a ver las películas que nacieron con un pequeño niño abandonado en la puerta de la casa de sus tíos después de la muerte de sus padres con una cicatriz en forma de rayo en la frente.

Siempre se ha dicho que Harry Potter y su universo era para niños, pero como se dice en El principito: «Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerden». Por ello, dentro de unos años les regalaré y leeré a las nuevas generaciones de la familia estos libros, porque un niño es capaz de soñar e imaginar sin poner las limitaciones que nos llegan con la edad.

Rosalía de Santos, Revista Galeradas

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