El «Beatus ille» de Horacio versus Fray Luís de León

El epodo de Horacio recrea el tema del Beatus Ille, elogiando la vida campestre, cercana a la naturaleza y alejada de las riquezas y vanidades del mundo que hay en la ciudad. Por eso ya empieza diciendo que el que vive alejado de los negocios y vanidad es afortunado: «Dichoso el que alejado de los negocios y libre de toda usura». Ese ideal de Beatus Ille lo observamos también en la Oda de Fray Luís de León: «¡Que descansada vida / la del que huye del mundanal ruido».

La composición de Horacio es una constante alabanza a la aldea, el trabajo en el campo, la naturaleza hermosa que rodea ese estilo de vida y el goce de la llegada del otoño con sus frutos. Alaba las pequeñas cosas, como recostarse a la sombra de un árbol para  disfrutar del entorno.  Hay que tener en cuenta, que el epodo es una forma poética griega  de carácter acusatorio y aunque en Horacio es suave, se justifica el epodo en los últimos versos: «Apenas hablo de Alfio, el usurero, dispuesto a hacerse rústico, a mediados de mes recoge su todo su capital…». Es una acusación directa, ya que la vida sencilla que defiende Horacio, no es compatible con esa vida entre la ciudad y el campo que hace Alfio, para recoger el fruto de sus negocios en la ciudad.

A diferencia de Horacio, Fray Luís de León, no utiliza ese tono acusador en su Beatus ille. Enfoca el tema desde un amor por la naturaleza como refugio de los males de la sociedad, es un anhelo por la vida retirada en paz, alejada del ajetreo que conlleva la ciudad. Aunque sí desprecia la ambición de aquellos que desean poder en la ciudad: «Y mientras miserable-mente se están los otros abrasando/ con sed insaciable/ del no durable mando».

La gran diferencia que hay entre la composición de Horacio y la de Fray Luís de León es, que el segundo, habla de la naturaleza como refugio que nos acerca a la paz, una paz espiritual que nos acerca a Dios: «Vivir quiero conmigo, / gozar quiero del bien que debo al cielo/ a solas, sin testigo/ libre de amor, de celo, / de odio, de esperanzas, de recelo». Esa paz que nos aleja de la ciudad, lugar en el que se encuentran las mayores tentaciones, nos muestra la paz en un entorno natural idóneo para encontrar nuestra devoción por Dios. Ese amor por la naturaleza que profesa Fray Luís, está vinculado directamente con su amor por Dios.

En ambas composiciones vemos que el Beatus ille nos acerca con muestras a las virtudes de la vida en el campo frente a la vida ajetreada y llena de ambiciones de la ciudad. Aunque en Fray Luís de León hay una vinculación directa con las aspiraciones religiosas de paz. Diferencias que a día de hoy aún se notan, aunque la vida en el campo haya evolucionado mucho, porque también lo ha hecho la vida en la ciudad, entonces es inevitable encontrar esas diferencias entre la vida rural y la urbana.

Ana B. Villamor, Revista Galeradas

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