MÁLAGA NOS HABLA DE SU PASADO INDUSTRIAL

Revista Literaria Galeradas. Málaga industrial

Revista Literaria Galeradas. Málaga industrialPor Carlos Bonilla

Probablemente, de un tiempo a esta parte, el viajero exento de prisa, aquel que arriba y se detiene en el detalle de todo lo que observa, que se recrea en lo que para el turista convencional pasa desapercibido, sea hoy un espécimen extinto. El paseante de caminar sereno, que avanza sin acabar nunca de llegar a ninguna parte, solo preso de su mirada atenta y cautiva de todo lo que le envuelve, estará en condiciones de viajar a un lugar distinto al que otros ni sospechan. Solo así, de esta guisa, se puede escuchar sotto voce a una de las ciudades españolas que habla por sí sola, en cada esquina, en cada una de sus plazas, en los olores que emanan de las noctámbulas biznagas, en la voz ronca del subastero que anuncia fortuna, en el verdial que incita al más voluptuoso a agarrarse a la tierra que siente como suya.

 Solo ese tipo de viajero podrá advertir con más o menos asombro que la ginebra de su gin and tonic tiene el mismo nombre que una de las calles más concurridas de la urbe, ¿casualidad? Del mismo modo, si en cualquier establecimiento encuentra una fotografía antigua de la ciudad, se dará cuenta de que la catedral se levanta imponente en la misma orilla del mar, ¿no será esa la imagen de otro emplazamiento? Descubrir una gigantesca chimenea enladrillada, dispar a cualquier construcción aledaña, como es habitual encontrarlas en la provincia de Barcelona, ¿puede tratarse, tal vez de una excepción? No. Esto no es una suerte de casualidades, sino más bien lo que Málaga nos cuenta sobre un tiempo pasado. ¿Seremos capaces de prestarle atención al episodio emprendedor de su historia contemporánea? Tratemos de dilucidar todas las señales que sugieren sus rincones e intentemos desde una mirada histórica apreciar sus significados con la misma curiosidad del viajero.

La Revolución Industrial en España adoleció de semejantes carencias que en otros países de la Europa meridional y oriental. Así pues, la renovación tecnológica arribó en un segundo ciclo con respecto a Francia o Alemania. Una de las causas principales se encontraba la escasez de recursos naturales como el hierro y el carbón. Sin estas materias primas, la construcción de vías férreas para transportar el combustible fósil, ¿qué sentido tendría? La península ibérica contaba con dos importantes cuencas mineras: la de Sierra Morena y la astur-leonesa. Ambas situadas en zonas orográficas que complicaban sobremanera su explotación. Este factor incrementaba el precio del carbón nacional hasta tal punto que era más rentable importarlo desde Inglaterra. Atendiendo ahora a nuestras particularidades históricas, el siglo XIX español tal vez no fue un escenario propicio para iniciativas industriales sólidas. Salvo excepciones locales como en las provincias de Barcelona o Vizcaya, la industrialización no fue un fenómeno generalizado. Liberado nuestro territorio del «francés» a inicios del mil ochocientos, siguieron otros episodios a modo de insurrecciones, revueltas, guerras carlistas, períodos breves de gobierno, etc. Todo ello mermó la estabilidad mínima que requería la instauración de la empresa económica. No obstante, el éxito de los altos hornos del cantábrico y el textil catalán no restaron lugar a otros núcleos de población en donde emergió la industrialización de manera preponderante y Málaga es un claro ejemplo. Su tejido industrial a mediados del siglo XIX hizo de esta ciudad, junto con su provincia, la segunda más importante de España.

Entre el conjunto de emprendedores que iniciaron la renovación económica y productiva, cabe destacar a la familia Loring, procedente esta de Estados Unidos, o las de Heredia y Larios. Estas dos últimas originarias de la Rioja. Colmaron la ciudad de una amplia red industrial y como prueba fehaciente de esa consolidación fabril, las políticas municipales actuaron con planes urbanísticos acordes a los cambios coyunturales. A la sombra de las imponentes y humeantes chimeneas de ladrillo, torres testigo del avance tecnológico de la máquina de vapor, se establecieron barrios obreros como el Perchel o el de Huelin en la orilla del río Guadalmedina contraria al casco antiguo.

Los sectores industriales más destacados fueron el de la siderúrgica y el textil, pero también la química, la artesanía, la destilería o el gas. Las páginas de historia ya han dejado testimonio de las compañías que daban nombre a   aquellas fábricas, La Industria Malagueña, Ferrería de la Constancia, Lapeira, La Aurora, etc. El transporte de mercancías y materias primas era un elemento imprescindible. Málaga contaba con un puerto marítimo transformado a lo largo de los tiempos y que suplía la dificultad que para su comunicación por tierra, suponía el anillo montañoso que limitaba al norte. Sin embargo, no fue hasta la década de los 70 del siglo XIX, esto es, después de la crisis industrial y económica, cuando el proyecto del ingeniero Rafael Yagüe comenzó a desarrollarse. Se le ganó terreno al mar y gracias a este titánico plan urbanístico y portuario paseamos hoy por el Parque de Málaga, anexo a uno de los puertos más importantes de España.

El ferrocarril fue una propuesta ambiciosa que se implementó en el año 1854, con la intención de proyectar la comunicación al norte de la provincia hasta llegar a Córdoba. El trazado de la vía fue muy costoso por lo accidentado del relieve, la cual cosa elevó no solo los costes, también el tiempo para la finalización de su totalidad. La estación se terminó en el año 1868, aunque para entonces la industria estaba ya lejos de seguir siendo el estribo de la economía y el desarrollo por su situación de decadencia. Una decadencia que marcó el fin de un ciclo de prosperidad.

Detenerse en las causas de este declive ha hecho proliferar distintas teorías que merecen un estudio aparte y en profundidad. No obstante, la falta de inversión, la dificultad que presentaban los transportes para las caras y escasas materias primas entre otros factores, hundieron el horizonte industrial decimonónico que parecía abrirse paso a mediados de la centuria. Pero iniciar la pesquisa sobre los motivos del cese dinámico empresarial y productivo sería abordar otro problema que conduciría a plantear nuevos interrogantes y eso, pondría al mismo viajero del que se habla al inicio del texto frente a otra de las infinitas «málagas» que aún le quedan por descubrir. Habrá percibido el viajero lo esquivo y perverso que se le antoja el conocimiento, que cuanto más aprehendido parece, más despliega este su entramado laberinto, situando al caminante en el punto de partida. Y es que Málaga, generosa, única, misteriosa…, nunca se acaba.

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