Dos artes y un destino

Revista Literaria Galeradas. El grito

Revista Literaria Galeradas. El gritoPor Adolfo Marchena

Son muchas las películas que se han basado en algún libro. Cualquier género literario puede ser llevado a la gran pantalla, desde la ciencia ficción hasta los clásicos. La relación entre el cine y la literatura no es nueva, desde que los Hermanos Lumiére inventaran el cinematógrafo. La literatura, concebida como un arte y el cine, calificado de espectáculo, dan lugar a la polémica, en algunos casos. El cine utiliza la imagen para captar la atención y la emoción del espectador, mientras que el libro se sirve de la palabra para crear imágenes. Trasladar un libro a la pantalla requiere de la destreza del guionista a la hora de interpretar el sentido con que el autor escribió su obra. De ahí que se hable de buenas o malas adaptaciones. Las cuales no se hicieron esperar. George Méilés, director y creador de efectos especiales, se inspiró en Julio Verne para realizar su cinta Viaje a la luna (1902). La historia del cine se inicia el 28 de diciembre de 1895, cuando los hermanos Louis y Auguste Lumiére realizaron la primera proyección pública de imágenes en movimiento. En este sentido, el cine, comparándolo con la literatura, es relativamente joven. En sus inicios se consideró un espectáculo de feria, barato y popular, despreciado por intelectuales y muy alejado de la categoría de Arte que hoy sustenta. Al respecto, el poeta italiano Riciotto Canudo escribió en 1911 el Manifiesto de las siete artes. Riciotto interpretó el cine como la suma final de la ciencia y el arte. Un texto que escribió en París, a la sombra de las vanguardias y donde quedaron establecidas en siete: Arquitectura, escultura, pintura, música, poesía y literatura, danza y cine. Orson Welles afirmó que: Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta.

Como sucede con las generaciones o los movimientos en la literatura, en el cine también surgieron corrientes, como en Alemania durante la década de 1920. El llamado Expresionismo exploró esos rincones más oscuros de la naturaleza humana. Dicha tendencia tomó como referentes muchas novelas góticas o de terror, tales como Drácula, de Bram Stoker, llevada a la pantalla por Friedrich Wilhelm Murnau con el nombre de Nosferatu (1922). Con la llegada del cine sonoro dicho arte sufre una fiebre por llevar obras literarias al celuloide, donde muchos escritores se convirtieron en guionistas para Hollywood. Así aconteció con autores como Francis Scott Fitzgerald, William Faulkner, Raymond Chandler, Dashiel Hammet, Mickey Spillane o James Cain. En el caso del escritor John Fante escribir guiones le salvó de la miseria y le permitió mantener a su creciente familia. Fante llegó a colaborar con Orson Welles, director de películas como Ciudadano Kane o El tercer hombre. Son numerosas las obras que han sido adaptadas al cine, tales como: El padrino, El hombre que pudo reinar, Doctor Zhivago, Barry Lyndon, Psicosis, Trainspotting o Los santos inocentes.

A finales de 1960, Ken Kesey se encontraba estudiando periodismo en Oregón. Aquel joven aspirante a periodista se ofreció como voluntario para experimentar con drogas psicodélicas, que los psiquiatras empleaban en California, para usos terapéuticos. De aquella experiencia surgió la novela Alguien voló sobre el nido del cuco publicada en 1962. Al año siguiente Kirk Douglas compró sus derechos y lo llevó al teatro en Broadway y su buen recibimiento por parte del público hizo que se convirtiera en película. Debido a su temática, los estudios rechazaron la propuesta y tuvo que pasar el tiempo hasta que el director checo Milos Forman, leyó el libro y se convenció para dirigirla. Finalmente se estrenó en 1975, con un estelar Jack Nicholson como actor protagonista. En la película, Randle McMurphy (Jack Nicholson), decide hacerse pasar por loco para evitar una condena en prisión, por lo que será internado en un hospital psiquiátrico. Allí será evaluado y convivirá con el resto de los pacientes. Su principal antagonista será la enfermera Ratched (Louise Fletcher), una mujer intransigente y soberbia. McMurphy supondrá un soplo de aire fresco para el resto de pacientes y será, también, el despertar de sus deseos de libertad. Alguien voló sobre el nido del cuco es una denuncia sobre el trato, a lo largo de la historia, en manicomios e instituciones mentales. La cinta comienza con un bello paisaje en Oregón que se difumina para dar entrada a un asilo para enfermos mentales; sus corredores, pacientes, enfermeros y la llegada de Randle Mc Murphy quien, sin duda alguna, desconoce el trágico final que le aguarda.

El cine ha dejado muchos personajes que, con el tiempo, se han vuelto tan célebres como inmortales. Sucede con Rick Blaine, exiliado en Casablanca, quien espera no volver a encontrarse con el amor de su vida. Humphrey Bogart acabaría transformándose en el antihéroe romántico por antonomasia de la historia del cine. Personajes que se suelen asociar con frases como la que el propio Rick le dice al capitán Renault mientras se alejan entre la bruma del aeropuerto: “Louis, creo que éste es el comienzo de una hermosa amistad”. En este sentido no es menos célebre la frase que pronuncia Scarlet O’Hara en la película Lo que el viento se llevó: “Aunque tenga que matar, engañar o robar, a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre.” En Harper, investigador privado, Paul Newman dice: “El fondo está lleno de buenas personas, Herb. Sólo los bastardos flotan… Como el aceite.” En Dos hombres y un destino Butch Cassidy (Newman) le dice al personaje encarnado por Katherine Ross: “Montas en mi bicicleta, y eso en algunos países es como estar casados.” Es célebre, también, el “anda, alégrame el día” de Clint Eastwoord, encarnando a un rudo Harry Callahan en Impacto Súbito. Así como resulta espeluznante la frase de Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) en El silencio de los corderos: “Una vez, uno del censo intentó hacerme una encuesta. Me comí su hígado acompañado de habas y un buen Chianti.” Son muchos los personajes que ha dejado el cine, entre ellos: Charles Foster Kane, de Ciudadano Kane; Rose Sayer de La reina de África; Norman Bates, de Psicosis; Sam Spade, de El halcón maltés o El nota, de El gran Lebowski, interpretado por Jeff Bridges. El cine cambió de rumbo a partir de 1950 con la llegada de la televisión y, con posterioridad, las cintas DVD. Este fenómeno abocó a un gran número de cines a cerrar sus puertas. En la actualidad, las plataformas digitales se van apoderando, cada vez más, del mundo de la imagen. Tecnologías que no sólo alcanzan al séptimo arte; también, a la literatura. Algo que influye, sobretodo, en la difusión y presentación de las obras literarias. La inmediatez actual frente al espíritu tranquilo de otras épocas. Todo se ha visto sometido al rigor de las tecnologías. Pero este, sin duda, es otro tema…

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*