La contaminación de los premios literarios

Casi todo escritor ha participado alguna vez en su vida en un premio literario, con la esperanza o el deseo de que su obra llegue a ser reconocida con un galardón. Para participar se dictan unas normas, que se deben cumplir a rajatabla y se leen para su valoración. Pero, ¿de verdad se leen todas? La verdad, es que es difícil de creer, porque en muchos premios la participación es bastante elevada y parece imposible poder valorarlas todas. Seguramente le echen un vistazo por encima y se descarten muchas obras sin ahondar en ellas.  Lo que realmente importa de los premios literarios, en cierto modo, no es el ganador. Es la fiesta de celebración, la entrega de premios, sacarse la foto con el premiado para tener más difusión en los medios de comunicación y que la entidad que lo gestiona tenga una publicidad rimbombante.

Queriendo o sin querer, lo que se consigue es que la mayoría de esos premios se contaminen. Digo la mayoría, porque habrá algunos que seguramente no tengan esa filosofía y no queremos ofender a sus creadores, pero la realidad es que la mayoría buscan publicidad a costa de jugar con la cultura.

Juegan con la ilusión de muchos escritores que se presentan con ganas y aunque está claro que no todos pueden ganar, no se merecen que no importe el ganador, sino que lo importante sea la foto. Porque pasará un año y el de la foto será otro, pero la publicidad será la misma.

Ana B. Villamor