Carta para Sergio Ramírez (premio Cervantes)

Carta. Revista literaria Galeradas

Carta. Revista literaria GaleradasPor Aspersor de Dudas

Sergio:

Vi la entrevista que hace poco te hizo Carlos Fernando Chamorro, del medio electrónico Confidencial. Primero, dejame felicitarte por la publicación de Tongolele no sabía bailar, tercera novela de la saga sobre un inspector de policía que se parece a todos los nicaragüenses, bastante gruñones algunas veces y bastante alegres otras.

Mi felicitación la hago porque no es fácil publicar libros en esta época; también porque cada día te veo más animado a continuar el oficio de escritor que comenzaste siendo apenas un adolescente de 17. De verdad, me admiro de verte ahora, a los casi 80, elaborando diálogos que, aunque fofos, relucen viveza creativa de tu parte. Qué tierno resulta para mí imaginarte batallando, tras cada frase insulsa, por escribir la gran novela latinoamericana que nunca podrás crear; tal vez no lo harás por incompetencia, sino porque no te alcanza el tiempo para farandulear y ser buen escritor a la vez. Pero, tranquilo, que sobre esto último, sobre la tarea mera de escribir, me gustaría hablarte o, mejor dicho, hacerte un reclamo especial.

En la entrevista a Confidencial decís que todo escritor es, por naturaleza, subversivo. Me gusta esta frase, en serio; parece sacada de la chispera de un payaso pirómano, al mejor estilo de Paulo Coelho con sus 74 añitos llenos de sabiduría mística. En fin, qué atinado te ha vuelto transitar en las letras durante más de 50 años de carrera ininterrumpida. Paro el oído a todo lo que decís, veo las entrevistas que te hacen, y entonces concluyo que sos de los escritores de los que uno puede pasar horas anotando los milagros de frases que dicen, como ocurre con el siempre polémico Mario Vargas Llosa. A propósito de tus intervenciones, Sergio, me llama la atención que en lo único que no hallo congruencia al escucharte hablar es entre lo que representa tu personaje de escritor y lo que comunican tus declaraciones propias como escritor. Dejá que me explique.

Por ejemplo, ser «subversivo», como vos decís en la mentada entrevista, ¿implica sentarse junto a Pedro Sánchez, platicar ambos de lo «bien» que marcha la política española? No te imagino criticando la labor de Pedro en su propia cara; sería muy vulgar de tu parte, ¿verdad? Te acepto, hasta cierto punto, que te juntés con Sánchez sin llegar a cuestionarlo antes ni durante esa plática. Hasta ahí, vamos bien. Solo dejame preguntarte una cuestión más: ¿ser «subversivo» supone, quizás, recibir de manos de Enrique Peña Nieto el Premio Carlos Fuentes, ante lo cual este último, Fuentes, habría aborrecido que recibieras premio alguno del primero?

Debo reclamarte otro punto que todos los habitantes de Nicaragua recuerdan bien: en 1990 escribiste un texto llamado «Retrato de Daniel», en el que hablás del dictador Ortega como si de un hermano tuyo se tratase. Incluso, llegás a idolatrar al que según vos es «el mejor presidente que ha conocido la historia de Nicaragua»; un ser, decís en ese escrito, del que admirás su «sagacidad» y al que considerás «historia viva». Además, con sorpresa, noto que en aquel artículo hasta llegás a adelantar, mirá cuán sabio has sido siempre, un segundo período de Gobierno orteguista y los sucesivos ciclos de terror que ahora padece el pueblo pinolero. Por tal razón, imagino, en «Retrato de Daniel» ves al dictadorzuelo «avanzar a paso firme hasta colocarse a la cabeza de esta revolución victoriosa». A la cabeza última está Ortega, por cierto, hoy en día, al extremo de que recientemente te acusó por «realizar actos que fomentan e incitan al odio y la violencia»; también por «haber recibido, a través de la Fundación Luisa Mercado, dinero de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, cuyos principales miembros de su junta directiva se encuentran acusados por realizar conductas de apropiación indebida, lavado de dinero, bienes y activos…».

¿Qué pasó, Sergio, con aquel gran «presidente» que veías en Ortega? ¿Acaso fue un personaje tuyo al que, previo al final de alguna de tus novelas, quisiste cambiar de destino? ¿Daniel Ortega es una invención tuya y ahora el personaje traspasó la frontera del papel y te persigue como fantasma por el hotel gótico de tu consciencia (¡gracias, Stephen King!)? ¿Daniel olvidó que vos lo acompañaste como vicepresidente durante su labor bélica y de transgresión a los derechos humanos que ambos provocaron, vos y él motu proprio, contra niños, adolescentes y mujeres pobres, al igual que denunciás que desde 2018 comete el Bachi contra la nación entera?

Para ir terminando, dejame también felicitarte por haber creado un público lector ajeno al pasado oscuro que siempre te perseguirá. ¿Acaso ignoro, imagino que estarás reclamándome ahora, la separación entre ser humano y artista, entre persona y escritor, esa dicotomía técnica o ambivalencia artística que pregonaron los autores del formalismo ruso? Por favor, no hay tal escisión en el caso concreto tuyo. Con vos, las figuras de persona y escritor van fusionadas de manera ineluctable, pues para ser escritor tuviste que colgarte el gafete de ser revolucionario y posteriormente separarte del lado del mal (el FSLN) y recibir de parte del poder literario un Premio Alfaguara que te llevó, sin dudas, al Premio Cervantes que tus senséis Fuentes y Gabo te adjudicaron por ser militante de izquierdas, por defender al régimen cubano y por lo políticamente correcto de siempre.

Bueno, ojalá que Daniel Ortega tenga piedad de vos, Sergio. Espero que logrés regresar a tu patria algún día no muy lejano. Lo que te queda ahora mismo, desde tu segundo exilio en la vida, es recordar que en el imaginario de los nicaragüenses te albergan sombras nada más. No, Sergio, el cielo nica no llora más por vos. Ya nadie llora por vos. Margarita, está fea la mar, ¿no? Son tiempos de fulgor, claro. ¿Te da miedo la sangre, Sergio? ¿Es todo esto un castigo divino? ¿Te sentís el fugitivo o tambor olvidado en medio de un reino animal? ¿Ya inició el baile de máscaras? No: Tongolele (Daniel Ortega) no sabe bailar.

 

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